La Liga de la Justicia de Zack Snyder

La existencia de la Liga de la Justicia de Zack Snyder es un milagro, un hecho casi inexplicable en la industria cinematográfica en la actualidad, que tiende a aniquilar al autor por sobre la mirada corporativa. Por aquello es sumamente reconfortante poder ver esta película tal como su creador la había imaginado, una visión que triunfa ampliamente sobre el producto de comité. Aquí hay cine, y del bueno.

Como sabrán, esta película era la que debía estrenarse en el 2017, siendo la primera parte de una trilogía dentro el Universo Extendido de DC Comics en el cine. Sin embargo, la mala aceptación de la crítica y el público hacia Batman v Superman, pusieron a los todo poderosos ejecutivos de Warner tan nerviosos que aprovecharon la tragedia personal de Snyder (el suicidio de su hija Autumn) para sacarlo del proyecto y poner a Joss Whedon, el director de Los Avengers para Marvel, a terminar la cinta.

Procedió a filmar varias escenas, las que mezcló con el material ya rodado por Snyder para dar vida a un monstruo de Frankenstein que si bien funciona en términos generales, era un producto sin alma, sin una cohesión autoral, visualmente horrible en su último tercio. Dos horas que se sentían pobres, flojas, una obra terminada contra el tiempo y que no era digna de la primera reunión en cine de los más grandes superhéroes del noveno arte.

Esta nueva Liga de la Justicia es, por el contrario, un espectáculo visual impresionante. Con una narrativa coherente, dando mayor profundidad a sus personajes y mejorando todas las escenas de acción. Es una película con alma, en donde Snyder puso todo su corazón e ingenio. En otras palabras, estamos ante cine de autor, porque como ya quedó demostrado con el corte de Whedon, esta película solo podía funcionar si el bueno de Zack estaba al mando.

La historia se mantiene

La historia es, en estructura, la misma de la cinta del 2017. Un villano alienígena, Steppenwolf, busca las cajas madres, tres aparatos que son capaces de transformar a la Tierra en un infierno a imagen y semejanza del planeta invasor. Sin la presencia de Superman, muerto tras su batalla con Doomsday, Batman debe reunir a un equipo de metahumanos (superhéroes para los amigos) que permitan al menos dar pelea al ente invasor, tratando de que no encuentre las cajas madres y menos las fusione.

La diferencia está en cómo Snyder nos cuenta esta historia. Desde un comienzo, y al igual que en los comics, el realizador tomó como punto de partida un tratamiento de “dioses sobre la tierra” a los personajes. Eso aporta mayor dramatismo y seriedad a su propuesta, lo que va profundizando con él, a estas alturas, bien conocido estilo de Snyder: escenas donde una toma hecha en cámara lenta repentinamente cambia a cámara rápida, planos profundos y dramáticos, diálogos más complejos y personajes en constante cuestionamiento.

Mejorando la narrativa

Zack, ahora con total libertad creativa, articula el relato de manera episódica, con varias tramas paralelas que confluyen progresivamente y dan cierre a cada capítulo. La narración fluye y existen pocos cabos sueltos en la historia, Snyder no deja nada en “visto”. Mi gran crítica al cine de Snyder siempre ha sido su incapacidad de conectar bien los múltiples relatos que nos quiere presentar, quedándose casi siempre en las buenas intenciones. Este no es el caso, pero es producto de un metraje de cuatro horas, lo que evidencia el poco poder de síntesis del director.

Esta duración se transforma, finalmente, en un componente crítico para el éxito de la cinta, ya que le ha permitido que todos los personajes ganen en peso y desarrollo. En este apartado, son dos los que más se benefician: el Flash de Ezra Miller y sobretodo el Cyborg de Ray Fisher. El primero pasa de ser un bufón algo insoportable a un alivio cómico efectivo dentro del tono oscuro de la película. En el caso de Cyborg, ahora, es de vital importancia para la trama y personifica los conflictos de identidad del héroe que continúan caracterizando a los superhéroes de Zack Snyder.

Un punto aparte es la aparición de Darkseid, el villano máximo del universo DC y que más que un guiño a los fans, en esta película se transforma en la principal motivación para Steppenwolf, un personaje genérico en la versión Whedon y que aquí tiene una inusitada profundidad.

El resto de los protagonistas, Batman (Ben Affleck), Wonder Woman (Gal Gadot) y Aquaman (Jason Momoa) tienen su momento para brillar y en lo personal, me parecen personajes mucho más interesantes que en sus películas en solitario (a excepción del Hombre Murciélago de Affleck que nunca se llevó a cabo). La Mujer Maravilla, en especial, me parece mucho más potente que en la decepcionante Wonder Woman 84.

Como puntos bajos, Superman (Henry Cavill) sigue sin convencer como personaje y no es la luz de la esperanza que debería ser. Lois Lane (Amy Adams) sigue siendo el Deux Ex Machina de la saga.

La estética y el uso de la música

Al comenzar el visionado se hacen notorios dos cambios estéticos muy marcados: una paleta de color menos saturada y el cambio en la relación de aspecto, que pasa de un tradicional 1.78:1 a un arriesgado y efectivo 1.33:1. El cuadro, que asemeja a una viñeta de comic, le permite a Snyder profundizar aún más en su estilo y llevarlo al límite.

La banda sonora de Jukie XL, que reemplaza al reciclaje llevado a cabo por Danny Elfman en el 2017, es un cañón. Un acompañamiento perfecto tanto para las escenas de acción como para aquellas en que la narración necesita calma. Es también un acierto la elección de las canciones,  como queda claro en los primeros minutos, en la secuencia en que Batman y Aquaman se conocen y se escucha este tema.

Una experiencia que no se repetirá

Cuatro horas, divididas en brutales seis episodios y con un epílogo que abren la puerta a expansiones futuras. Pero este Snyder Cut es una anomalía, que terminará acá y no tendrá secuelas. Más allá del interés de la audiencia (la misma que le dio la espalda en 2016 con Batman V. Superman) o del propio realizador (que tampoco lo tiene), esta apuesta cinematográfica de universo cohesionado murió por no ser lo suficientemente rentable, decisión tomada en reuniones de comité en las oficinas de Warner.

Al ver el extraordinario resultado de La Liga de la Justicia, queda una sensación amarga asociada al fin de una era que invita a soñar con lo que podría haber llegado a ser. Pero al mismo tiempo nos deja la satisfacción de que una obra de este calibre finalmente haya visto la luz.

Este es el triunfo del arte por sobre las corporaciones. Una épica inigualable, con una estética llevada al límite, un film con alma, apasionado, donde prevalece la visión del artista por encima de cualquier adversidad.

En hora buena Zack. Aleluya.  

La Liga de la Justicia de Zack Snyder está disponible en HBO MAX en los países donde está habilitada. En Chile se puede arrendar en diversas plataformas, como Google Play o Direct TV.

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