Reseña + podcast: El Camino

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Advertencia: esta reseña está pensada para quienes ya vieron la película. Va con elementos que se pueden considerar spoilers. Tampoco hay resumen ni contextos. Si lo prefieren, pueden pasar directamente al podcast al final de la nota, aunque las reflexiones sobre la película son distintas.

Breaking Bad es la mejor serie que he visto en la vida. Así que mi aproximación a El Camino siempre ha sido la de un fanático. Uno que se encontraba feliz con el magistral cierre otorgado por Vince Gilligan a la historia de Walter White y, por supuesto, a la de Jesse Pinkman. Uno al que le bastaba el desgarrador grito de libertad de Pinkman como sinónimo de final feliz…o el más cercano a ello. Con esto en mente, claro que tenía cierto temor, de que a pesar de todo el talento de Vince, este apéndice arruinara algo que había terminado tan endemoniadamente bien. Mis temores, afortunadamente estaban infundados. Desde mi tribuna de incondicional, disfruté enormemente El Camino.

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He escuchado y también leído cierta inconformidad por parte de algunos televidentes (que esto aunque parezca cine es tele, no olvidar). La crítica más común ha sido que es un film innecesario. Y saben, estoy de acuerdo. El Camino no suma nada a lo ya mostrado por Breaking Bad. Pero tampoco resta nada. Tal como lo señaló Vince Gilligan, esto es un regalo para quienes cada vez que pensamos en Walter y Jesse esbozamos una sonrisa. Por lo menos yo no soy mal agradecido, así que recibo el regalo de Vince con aprecio.

¿El Camino es perfecta? Claro que no, probablemente tampoco alcanza los niveles de calidad de algunos episodios de la serie. Injusto compararla con Ozymandias, por ejemplo. Bueno, siempre será injusto comparar cualquier cosa hecha en televisión con Ozymandias, joder. Pero la película si que es buena. Bastante buena, a menos que yo esté demasiado desconectado con el fandom. Pero me cuesta creer que no se aprecie los planos de Gilligan, su preocupación por el detalle en escenas claves, la calidad de su pluma ya que no solo dirige, también escribe. Diablos, hay diálogos hermosos. ¿Cómo negar eso?

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Aquellos que critican el sobrepeso de Jesse Plemons, que cortesía de numerosos flashbacks repite el papel de Todd, les pregunto: ¿notaron la tremenda actuación del tipo? ¿Cómo se complementa con Aaron Paul en la escena del departamento, con todo lo horrible que acontece ahí? Breaking Bad está tan viva en nuestra memoria que era imposible que no notáramos el cambio en el actor. Pero prefiero verlo mil veces gordo a no verlo de nuevo como el sociópata de Todd. Además, Plemons ha tenido seis años bastante activos, en donde hasta se casó con Kirsten Dunst. Así que asumo que esos kilos de más son de felicidad, así que nada. El talento aumentó también, que es lo relevante.

Me fue imposible no gozar con la aparición de Badger y Skinny Pete. Regresos que no son gratuitos, ya que a pesar de ser los yonkis de siempre, Gilligan se las arregla para presentarlos en una faceta diferente. Más humana y cercana. Unos amigos que cualquiera querría tener a su lado en momentos difíciles. ¿Por qué me ayudas? le pregunta Jesse al flaco Pete. Este responde con un emocionante “viejo…eres mi héroe”.

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El Camino nos trae también la última interpretación de Robert Foster, que se pone otra vez la piel de Ed, el hombre especialista en hacer desaparecer a la gente para reubicarlos en otro lugar y darles la oportunidad de una nueva vida. Jimmy McGill lo sabe bien y Jesse quiere lo mismo. Una actuación que es de primer nivel, pero que ahora se agiganta al saber que ya no podremos disfrutar del talento de Foster en el futuro. Y eso es gracias a Gilligan y El Camino.

Aaron Paul carga por primera vez con el protagónico. Y cumple a las mil maravillas. Nos lleva a un viaje tortuoso, angustiante hasta el final estilo western. Lo vemos aún encadenado a pesar de estar libre de los nazis y la influencia de White. Paul lo da todo, encarnando a un Jesse que sigue a grandes rasgos el camino de su mentor, pero desde una perspectiva diferente, ya que Pinkman nunca tuvo el gen de la maldad carcomiendo su ser. No terminó “volviéndose malo” como su profesor de química. Claro que ha cometido errores, pero también ha pagado por cada uno de ellos.

¿Después de ver a este gran elenco en acción, todavía existen ganas de quejarse y catalogarla de innecesaria?

Para cerrar el caso, no podemos obviar la aparición de Bryan Cranston como Walter White, en una escena que nos transporta al inicio de la relación con Jesse. Cuando la transmutación en Heisenberg no era completa. Ver la calidez de White al aconsejar a Jesse es impagable, sabiendo como terminará aquello. ¡Qué importa que la pelada se note falsa, estamos viendo por última vez a Walt! Y no a cualquier Walter, sino que a ese con el que empatizábamos. Al que le hacíamos barra, porque queríamos que le ganara al cáncer, a la vida y al Tuco.

Como dato anexo, Bryan Cranston tuvo que arrancarse de Broadway por un periodo de 36 horas para grabar esa escena en el mayor de los secretismos. Por eso no pudo raparse de verdad. No pueden decir que el tipo no ama su papel y a los fans.

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Es cierto que El Camino nos deja en el mismo punto que el capítulo final de Breaking Bad. Walter sigue muerto (¿alguien en su sano juicio pensaba que estaba vivo?) y Jesse toma las riendas de su destino e inicia el viaje a la libertad. No gritando y en estado de crisis post-traumática, pero en esencia con el mismo rumbo a un destino desconocido. ¿Innecesaria? Probablemente. ¿Una mala película? Para nada. ¿Una golosina? Absolutamente.

Como cinéfilo, estoy abierto a escuchar y debatir las críticas a la continuidad, al montaje, a la música y la fotografía. Pero sinceramente creo que El Camino merece ser disfrutada desde las tripas y el corazón, como la oportunidad de despedirnos de algunos de los personajes mejor escritos en la historia de la ficción televisiva. Después de todo, ¿no les gustaría siempre dar un último adiós a sus viejos amigos? Yo al menos, agradezco a Gilligan esa oportunidad.

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Aquí pueden escuchar el podcast de El Camino, como siempre junto al contertulio Javier Larroucau. También lo pueden pillar en Spotify, buscando Me Gusta el Cine.

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