Michael: El viaje del héroe

Hay una forma cómoda, aunque limitada, de entrar a Michael: exigirle la película que nunca quiso ser. Desde ese lugar, es fácil reprocharle su decisión de no hundirse en la zona más turbulenta de la vida de Michael Jackson, especialmente aquella revisitada por documentales como Leaving Neverland. Pero esa objeción, por razonable que parezca en una discusión histórica, no basta para medir la obra que Antoine Fuqua pone en pantalla. El filme no se presenta como expediente ni juicio. Su apuesta es otra: construir una historia de origen sobre un artista que, antes de convertirse en símbolo problemático de la cultura contemporánea, fue una figura descomunal, casi imposible de contener dentro de una biografía convencional.

La sinopsis oficial presenta la cinta como un retrato cinematográfico de la vida y el legado de uno de los artistas más influyentes del mundo, siguiendo su camino desde el descubrimiento de su talento como voz principal de los Jackson Five hasta la consolidación de una ambición creativa destinada a convertirlo en el mayor espectáculo viviente de su tiempo. Esa declaración ayuda a entender el diseño completo de la película, escrita por John Logan y producida por Graham King, John Branca y John McClain. Michael no busca abarcarlo todo, sino ordenar una leyenda: avanza desde la infancia en Gary, Indiana, marcada por la disciplina feroz de Joseph Jackson, hasta el estallido solista de los años ochenta, con la gira Bad como horizonte de consagración.

Vista desde esa clave, la cinta funciona con precisión. No estamos ante una biopic áspera ni frente a una investigación sobre el costo moral de la fama. Estamos, más bien, ante una superproducción que entiende a su protagonista como si perteneciera al linaje del héroe popular: alguien llamado a una aventura que no pidió, empujado por un don extraordinario, formado por un maestro severo y obligado a superar a quienes lo moldearon. En ese sentido, Michael se parece más a una película de superhéroes que a un drama biográfico tradicional. Su estructura no oculta el molde mítico; lo abraza. Michael es Luke Skywalker, Harry Potter o Peter Parker: un joven atravesado por el talento, la pérdida de inocencia y la carga de una responsabilidad que termina convertida en espectáculo.

El filme abarca hasta 1988, cuando el cantante apenas superaba los 30 años y su aura creativa parecía no tener techo. En ese tramo, Fuqua privilegia la energía del ascenso, el vértigo de la fama y la construcción de una identidad escénica todavía irrepetible. La recreación de momentos icónicos de la cultura pop es asombrosa. La dirección de arte, el vestuario y la fotografía se coordinan para que cada número musical tenga el peso de una memoria colectiva reconstruida con precisión, pero también con emoción.

El mayor triunfo está en Jaafar Jackson. Su debut cinematográfico no se sostiene solo en el parecido familiar ni en la imitación corporal, aunque ambos elementos son decisivos. Lo impresionante es que, en varias escenas, la representación deja de percibirse como artificio. No se ve a un actor tratando de alcanzar a Michael Jackson; se ve, durante instantes muy concretos, al propio ídolo reapareciendo frente a la cámara. Ni la inteligencia artificial más audaz habría conseguido esa mezcla de gesto, fragilidad, timidez, magnetismo y control físico. Jaafar no interpreta únicamente los pasos: captura una manera de habitar el escenario.

Colman Domingo entrega un Joseph Jackson duro, controlador y contradictorio, menos dibujado como villano plano que como figura formativa y destructiva a la vez. Su presencia permite comprender la disciplina que empujó al artista hacia la excelencia, pero también la fractura emocional que lo acompañaría. Nia Long, Miles Teller, Laura Harrier, Juliano Krue Valdi y el resto del elenco se integran en una narración que funciona como una constelación alrededor del protagonista.

¿Es una biopic edulcorada? Claro que sí. ¿Omite detalles relevantes incluso dentro del periodo que aborda? Por supuesto. Pero eso no la vuelve automáticamente fallida. Muchas películas biográficas comprimen décadas en dos horas y reorganizan hechos para calzar emociones, canciones, triunfos y caídas en una progresión reconocible. Michael hace exactamente eso, solo que con una figura cuya vida pública carga con un peso adicional. Nadie que paga una entrada para verla debería esperar un documental ni una clase de precisión histórica. Lo que la cinta ofrece es otra cosa: la magia, el espíritu y la fuerza escénica que impulsaron una carrera capaz de modificar la música, el videoclip y el espectáculo popular.

El cierre puede sentirse abrupto si se le exige una mirada completa sobre el personaje. Sin embargo, resulta coherente con el arco que la película eligió desde el comienzo. El héroe acepta el llamado, lleva su talento al límite, se separa simbólicamente del padre-maestro que lo formó y lo quebró, y regresa triunfal con todo lo aprendido convertido en lenguaje propio. No hay aquí una caída final, sino una coronación. Ese límite puede discutirse, pero no desconocerse: Michael termina donde su tesis alcanza la máxima intensidad.

Por eso, valorar la película por lo que nunca quiso ser es un ejercicio injusto. Como revisión histórica, puede parecer insuficiente. Como retrato mítico de una estrella en su punto de mayor brillo, es una obra completa, emocionalmente eficaz, técnicamente notable y sostenida por una interpretación central de enorme potencia. Fuqua no filma al hombre entero; filma el nacimiento del ídolo.

Ficha técnica

Título original: Michael. Dirección: Antoine Fuqua. Guion: John Logan. Elenco principal: Jaafar Jackson, Juliano Krue Valdi, Colman Domingo, Nia Long, Miles Teller, Laura Harrier, Jessica Sula, KeiLyn Durrel Jones y Mike Myers. Producción: Graham King, John Branca y John McClain. Fotografía: Dion Beebe. Diseño de producción: Barbara Ling. Vestuario: Marci Rodgers. Montaje: John Ottman, Harry Yoon, Conrad Buff IV y Tom Cross. Compañías productoras: Lionsgate, GK Films y Optimum Productions. Distribución: Lionsgate en Estados Unidos y Universal Pictures en mercados internacionales. Duración: 127 minutos. País: Estados Unidos. Idioma: inglés. Estreno en Estados Unidos: 24 de abril de 2026.