Juego de Tronos: un final coherente para la historia y no para el fan

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Lo he mencionado en artículos anteriores, pero no esta de más volver a recordarlo. No soy un seguidor de Juego de Tronos. Nunca me senté en mi sillón un domingo en la noche ansioso para ver que deparaba el nuevo capítulo, no me sé de memoria los nombres de los personajes y no tengo especial afecto por ellos. Aún así, no se puede negar la calidad de la serie. Una historia relatada de forma inteligente y sobre todo coherente consigo misma. Y su final, aunque deficiente para ese fandom que se cree dueño de la obra y no acepta nada que no se adapte a sus expectativas (los conozco bien, soy fan de Star Wars), está en línea con lo propuesto por los showrunners desde el inicio.

Desde el episodio inicial, Juego de Tronos se plantea como una serie que mezclaba la intriga política con la acción épica. Es también, el relato posterior a la guerra y la liberación de la tiranía. Es la épica de cuando la bondad pierde impulso. El reinado de Robert Baratheon era sinónimo de paz y tranquilidad, pero las buenas intenciones no alcanza y el ciclo se repite. Juego de Tronos nunca fue una historia de héroes ni de libertadores. En esta fantasía no había espacio para un Luke Skywalker ni para un Frodo. Este era un terreno mucho más pantanoso, inestable y poco satisfactorio, propicio para un Tyrion Lannister o una Sansa Stark. Y es así como finalmente David Benioff y D.B. Weiss abordaron el cierre de la serie.

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Que el grand finale sea coherente no significa, en todo caso, que sea bueno. Desde mi óptica de afuerino a Westeros y tierras aledañas, las últimas dos temporadas son en extremo débiles si las comparamos con sus predecesoras. Se nota cierta ansiedad por atar los cabos sueltos, se nota un apresuramiento innecesario. Las cosas se aceleran de manera poco fina en una serie que se destacaba por aquello. Los guionistas no mienten a la hora de explicar que las señales de la caída de la chica Targaryen estaban ahí. Pero no es menos cierto que aquella transición de heroína feminista a tirana desquiciada se produjo en apenas un par de secuencias. ¿No era más adecuado haber trabajado aquello con más tiempo? En mi opinión, la temporada final de seis episodios no era lo que necesitaba Juego de Tronos. Más episodios, más tiempo. No otra sesión, solo más tiempo para concluir el arco como correspondía.

Creo que como episodios unitarios, los capítulos 3,4 y 5 son muy satisfactorios. Como cierre de una historia de nueve años, no lo son tanto. Aunque los fans disgustados clamen por mi sangre, siento que el episodio final es el más cercano al espíritu de Juego de Tronos. ¿Cómo lidiamos con las consecuencias de lo que hemos hecho? ¿Estamos dispuestos a cambiar para mejorar nuestro entorno o definitivamente mantendremos el status quo en nuestro beneficio? ¿Estamos dispuestos a compartir el poder? La carcajada de los señores del reino ante la implicación de la implementación de una democracia o que el héroe que parece venir de otro libro se pierda en los territorios salvajes del bosque sin trono ni reconocimiento, son extremadamente coherentes con estos ocho años de gran televisión.

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Es la ejecución la que causa ruido. Que la gran amenaza, los zombies y el rey de la noche, caigan de forma tan fácil y genérica es un claro ejemplo de ese apresuramiento creativo. Ni siquiera voy a cuestionar si era el enemigo a destruir al fnal, porque tal vez la resolución de quien ocuparía el trono de hierro era más significativa moralmente en el contexto de la saga, pero reducir la batalla ancestral a tan solo una noche no parece correcto. Tampoco la caída de Desembarco del Rey. No se entiende la prisa. No se comparte la necesidad de correr tan desenfrenadamente.

A pesar de todo, Juego de Tronos se despide compartiendo un espacio destacado en la historia de la televisión, un panteón ocupado por otros fenómenos como Lost, Los Soprano y Breaking Bad. Es también el cierre a una forma de hacer tele, en un mundo marcado por el surgimiento del streaming en donde las temporadas son lanzadas de una vez y se ha popularizado el concepto de maratón. HBO inicio la era de oro de la televisión, lo cambió todo, y probablemente Juego de Tronos es el punto culmine de aquello.

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A los fans desagradecidos que claman por la sangre de David Benioff y D.B. Weiss, con conceptos tan absurdos como “me debían otro final”, les cuento que es muy probable que no se merezcan una serie como Juego de Tronos. Lo suyo son los fanfiction, lo tradicional, la fórmula. Una televisión de baja calidad más cercana a Baywatch que a la Canción de Fuego y Hielo. Y se los dice, repito, alguien que no es parte de este fandom.

Hablando de aquello, como seguidor de Star Wars, les doy la bienvenida a Benioff y Weiss, los guionistas de la próxima trilogía galáctica. Seguiré con interés su trabajo.

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