Un vecino gruñón: una comedia dramática de vieja escuela

Tom Hanks es el chico bueno de Hollywood. El ideal de la industria, un tipo amable y bonachón en la vida real, características que suele replicar en algunos de sus personajes más icónicos. Es difícil encontrar a una persona que exprese algún tipo de descontento o malestar ante una de sus películas. Y aunque es válido señalar que esta imagen ha limitado su rango actoral, lo cierto es que con dos Oscars en su estantería no tiene que demostrar nada a nadie.

Pero un gran actor siempre se está probando, y Hanks lo ha estado haciendo en el último tiempo. Aunque bajo toneladas de maquillaje, se aventuró a interpretar al coronel Tom Parker en Elvis, un personaje ambiguo, pero que en la práctica es el villano de la historia. Ahora con Un vecino gruñón, vuelve a dar un paso diferente en su carrera, al adoptar la piel de un personaje gruñón, de mal trato, rencoroso y criticón. Pero claro, a diferencia del coronel, Otto tiene un corazón demasiado grande. Literalmente demasiado grande.

Dirigida por Marc Forster, la película se basa en la novela de 2012 “A Man Called Ove” de Fredrik Backman, que se convirtió en un éxito de ventas internacional y anteriormente se adaptó a una película sueca de 2016 que obtuvo dos nominaciones al Oscar.

Otto (Hanks) es un hombre mayor, que ha perdido a su esposa y su razón de vivir. Vive solo, en un barrio amenazado por una constructora que quiere derribar las viviendas para construir un nuevo complejo. Sin ganas de seguir adelante, debe enfrentar la llegada de personas nuevas a su entorno: sus nuevos vecinos, Marisol y Tommy (Mariana Treviño y Manuel García-Rulfo), una pareja joven con dos hijos pequeños y esperando otro. El niño trans que reparte los periódicos era alumno de la difunta esposa de Otto, que era profesora. Otto también se encuentra reconectándose con un par de viejos vecinos con los que tuvo una pelea.

No juzgues el libro por su portada

El personaje de Otto está fuertemente emparentado con aquellos que nos trajo Clint Eastwood en la magnífica Gran Torino y La Mula. En resumen, hombres que deben aprender a superar sus prejuicios. Otto, en gran parte debido a las circunstancias reveladas en torno a su difunta esposa (interpretada en flashbacks por Rachel Keller), es más abierto de mente y de corazón que las creaciones de Eastwood. Aunque comparten la facilidad para irritarse y menospreciar al resto, al que llama “idiotas”.

Aunque es un personaje atípico en la historia actoral de Hanks, Otto le permite jugar con la dualidad planteada al comienzo. Aunque se nos presenta como un tipo bastante desagradable, su gran corazón no está escondido en la profundidad de un abismo, sino que está mucho más cercano a la superficie. Eso permite que el espectador, desde el principio, logre sintonizar y empatizar con el protagonista y la historia en sí.

No se puede dejar de aplaudir la actuación de la actriz mexicana Mariana Treviño, aportando verdadera energía y sentimiento a un personaje adorable que es fundamental para el cambio que sufre Otto a medida que avanza el metraje.

La cinta sigue una estructura de comedia dramática clásica, una escuela que tuvo su edad de oro con el legendario James Stewart, algo con mucha lógica si consideramos a Hanks como su legítimo sucesor en Hollywood.  Un hombre llamado Otto es una película agradable, relajada, con un ritmo narrativo adecuado. Claro que es cursi, predecible también, pero la obra final cuaja tan bien que esos elementos no menoscaban la película, la enaltecen. Es, de principio a fin, una historia sincera y esperanzadora.

A Man Called Otto. País: Estados Unidos-Suecia.Año: 2022. Dirección: Marc Foster. Guion: David Magee. Guion original: Hannes Holm. Novela: Fredrik Backman. Elenco: Tom Hanks, Mariana Treviño, Manuel García-Rulfo, Rachel Keller, Cameron Britton, Mike Birbiglia, Kelly Lamor Wilson, Josefine Lindegaard, Elle Chapman, Juanita Jennings. Duración: 126 minutos.

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