Crímenes del futuro

David Cronenberg es uno de los directores más audaces, tanto en lo visual como en lo narrativo, en toda la historia del cine. Su arte siempre está asociado, de una u otra manera, al estudio y análisis de la enfermedad, de la corrupción mental que experimenta el ser humano que en la mayoría de los casos se expresa a través de la deformación o mutación de la carne. Sin realizar concesiones a la industria, ha logrado en más de cuarenta años de carrera pulir su estilo al extremo, destilarlo a tal nivel que su propuesta es inconfundible e incomparable con la de cualquier otro cineasta. En Crímenes del Futuro, su más reciente película ya disponible en MUBI, sigue explorando y escarbando con fuerza su cine de ideas y conceptos, en un film que podemos considerar un “grandes éxitos”.

Lo que el realizador nos presenta en esta cinta es un compilado de las grandes ideas que han sido temas transversales de su obra. La enfermedad mental de ExistenZ, la mutación genética de la Mosca, la dependencia tecnológica de Videodrome o los placeres asociados al dolor en Crush. Todo se presenta en este relato que nos lleva a un futuro no muy lejano en el que el ser humano ha conseguido superar el dolor. Tanto es así que sentirlo se ha convertido en una nueva droga que proporciona experiencias similares al placer sexual. En este contexto, Saul Tenser (Viggo Mortensen) y la cirujana Caprice (Léa Seydoux) son dos artistas performativos que escenifican frente a multitudes sus intervenciones quirúrgicas haciendo de su experiencia un espectáculo de vanguardia.

Lo que hace Cronenberg en estos Crímenes del Futuro es realizar una crítica amarga y sincera al estado actual de la sociedad, deshumanizada y en constante búsqueda del shot de dopamina que nos entrega la tecnología. La mesa de operaciones, la conexión permanente a los aparatos tecnológicos que parecen seres vivos y la obsesión de las masas con estos implementos lo podemos equiparar a la búsqueda desesperada del like, de la aceptación en redes sociales y la imperiosa necesidad de sentir constantemente ese push que saque de la rutina al usuario. Todo queda resumido en una frase de Tenser, cuando Timlin (una sólida Kristen Stewart), una agente del gobierno trata de intimar con él: “ya no soy muy bueno en el viejo sexo”.

Crímenes del Futuro, con una apuesta austera, sucia, seca y despojada de vida natural, indaga en temas de la filosofía universal que tan buen campo de exploración alcanzan en el género de la ciencia ficción: quiénes somos, qué nos hacer ser lo que somos y cuáles son los límites del arte y la ética.

Muchos asocian a Cronenberg con su estilo crudo y gore, y aunque algo hay de eso en Crímenes del Futuro, es mucho menos la cantidad de vísceras palpitantes que en otras películas del autor. La provocación viene de otro lado, de la exploración de conceptos complejos e ideas abstractas, estimulado el órgano que a veces se adormece con mayor facilidad: el cerebro.

Aunque Cronenberg, ya con 79 años, no está anunciando su retiro, Crímenes del Futuro podría ser sin problemas su testamento cinematográfico, tal como El Irlandés lo fue para Martin Scorsese. Es probable que el cineasta saque adelante nuevos proyectos, pero lo cierto es que para ellos ya queda poco que decir y sus apuestas se vuelven crepusculares y definitivas.

Crimes of the Future. País: Canadá. Año: 2022. Director: David Cronenberg. Protagonistas: Viggo Mortensen, Léa Seydoux y Kristen Stewart. Duración: 107 minutos.