Vince Gilligan se despide de Better Call Saul con el mejor episodio de la serie

Con el estreno del penúltimo capítulo de Better Call Saul, Vince Gilligan, creador y showrunner de la serie, hace historia televisiva. No solo es el último capitulo que dirige, también es el último asociado al universo de Breaking Bad. Y lo hace por todo lo alto, porque este puede ser considerado fácilmente el mejor de todos, rivalizando con el mítico Ozymandias que marcó la caída definitiva de Walter White.

SPOILERS A CONTINUACIÓN

En este universo, existen solo dos formas de enfrentar los problemas, dependiendo del personaje. Están los que no se hacen cargo y redoblan la apuesta (Walter) en donde tarde o temprano, la jugada sale mal. Y están los que lidian con las consecuencias, que las asumen y con mucha suerte logran sobrevivir. Es el camino que recorrió Jesse y que ahora está cursando Kim Wexler.

Kim aparece por primera vez en el presente, es decir en la realidad en blanco y negro, con pelo más largo y oscuro, viviendo una vida totalmente opuesta a la que tenía con Jimmy/Saul. Con nueva pareja y nuevo trabajo, sumergida en la mediocridad. Atrás quedó su necesidad de “más”. Su modo de pagar sus pecados es vivir la vida más insípida imaginable.

Tras la llamada de Gene/Jimmy/Saul, que en este capítulo se revela en todos sus detalles, gatilla en Kim el acto de la confesión en torno a toda la jugarreta planificada sobre Howard Hamlin. Visita a su viuda, admite todas las mentiras que plantaron contra él junto a Jimmy y se pone a disposición. Es muy probable, le dice, que no le harán nada. Pero la conciencia pesa y nos entrega, cortesía de Rhea Seehorn, una de las actuaciones más demoledores jamás vistas en la pantalla chica. Si no le entregan un camión de Emmys es que no merecemos seguir existiendo como humanidad.

Repito: DEMOLEDORA.

Hay un momento más entre Kim y Saul, esta vez en la línea de tiempo de Breaking Bad. Es la secuencia en que ambos firman el divorcio, momento en que el abogado muestra su lado más turbio y deshumanizado. Ya no queda nada de Jimmy, lo que le rompe en pantalla el corazón a Kim. Gilligan nos muestra la decadencia de un hombre al que quisimos, con el que empatizamos, al que queríamos que le fuera bien a pesar de sus maneras poco éticas. Le perdonábamos todo, pero de eso queda la cáscara y el grotesco reflejo de lo que fue. De la misma forma en que Walter ve su rostro deformado reflejado en el tanque de mezcla de químicos justo antes de morir.

Kim se topa con Jesse Pinkman, que funciona como su espejo de la otra serie. Atrapadas bajo una tormenta que no pueden controlar y de la que difícilmente saldrán secos. Las metáforas de Gilligan son una delicia y que esta sea la última la hace un gran momento televisivo. Jesse le pregunta si “Saul Goodman” es bueno. “Cuando lo conocí, lo era”, le responde ella.

El resto solo pavimenta el camino para el cierre, que será dirigido por el partner creativo de Gilligan,Peter Gould. Saul Goodman, después de ser denunciado por la madre de Jeff, inicia la huida final. ¿Qué queda por delante? Solo presenciar el final de la historia y ver que tan trágico puede llegar a ser.

Vince Gilligan demuestra una vez que está en estado de gracia, refinando y diluyendo todo el estilo narrativo de Breaking Bad para elevarlo a un sitial superior. Este penúltimo capítulo es una clase maestra de manejo de los tiempos, espacios y los silencios, sin desentenderse jamás de las emociones de los personajes.

Better Call Saul concluye la próxima semana y con ella muere una de las fases más gloriosas en la historia de la narrativa audiovisual.

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