Tengo Miedo Torero

Es extraño que la obra más reconocida de Pedro Lemebel sea una novela y no la crónica, que era su género literario preferido. Sin embargo Tengo Miedo Torero, en su adaptación cinematográfica, cumple bastante bien ese rol: una historia que refleja de manera bastante perfecta una época, la de mediados de los 80, oscura y deprimente que suele recordarse de mejor forma gracias al traicionero velo de la nostalgia.

La película de Rodrigo Sepúlveda ha sido calificada como “conmovedora”. Y creo que esa apreciación es bastante certera, ya que ante todo es un film que explora las emociones. Agregaría que es una obra que suda cálidez, una que traspasa la pantalla y se sobrepone al mayoritario tono oscuro que impera en este relato.

El director opta por un montaje directo, sin grades recovecos, tal como lo es la propia novela. Pero eso no quiere decir que no haya ido más allá y no se preocupara de adornar cada toma con cierto simbolismo. Las locaciones, escasas pero extraordinariamente bien seleccionadas, funcionan como una extensión misma de los personajes.

Alfredo Castro interpreta a La Loca del Frente, ese personaje sin nombre al que la vida la ha tratado mal desde que decidió no esconder su naturaleza. Vive en la penumbra, se divierte en la clandestinidad, es prostituta y se gana unos pesos bordando mantelitos para la esposa de un general. Esto hasta que Carlos llega a su vida y la sumerge en la insurgencia, aquella que planea el atentado contra Pinochet.

La actuación de Castro es tan genuina que se hace inevitable empatizar con los claroscuros de esta loca, que a pesar de ir siempre con un tono amable y la sonrisa por delante, sabe qué lugar ocupa en el mundo y disfruta a concho los escasos momentos de felicidad que vive, como irse de picnic con Carlos o jugar a la pelota con los chicos del barrio.

La metáfora de su casa ruinosa, apuntalada para evitar que se desplome por completo, refleja también el costo de la homosexualidad marginal de la dictadura. Tal como acontece al inicio del film, nadie, ni siquiera los revolucionarios, lloraban a las locas muertas.  

El pulso narrativo de Sepúlveda la da a Tengo Miedo Torero el ritmo justo. Es cierto que esta adaptación olvida una parte importante  de la novela, específicamente aquella que recreaba la relación entre Pinochet y la señora Lucía. Pero el resultado final le da la razón al director y guionista, ya que concentrarse en la crónica más pequeña la vuelve más íntima y disfrutable.

Para cuando llega el final de Tengo Miedo Torero, a la orilla del mar y en la hora mágica, con ese tono cursi que el propio Lemebel le quiso dar a su novela, el viaje es completo. Uno que al final puede tener un sabor amargo porque la historia no escapa de aquello, pero que deja en la memoria del espectador algunas de las imágenes más potentes de este año en que el cine chileno y mundial ha vivido su período más extraño.  

Ficha Técnica:

Tengo Miedo Torero
País: Chile, México, Argentina
Dirigida por: Rodrigo Sepúlveda
Guion: Rodrigo Sepúlveda
Elenco: Alfredo Castro, Leonardo Ortizgris Julieta Zylberberg, Amparo Noguera, Luis Gnecco
Sergio Hernández, Ezequiel Díaz, Paulina Urrutia, Gastón Salgado
Basada en la novela de Pedro Lemebel
Productoras: Caponeto (México), Forastero, Tornado Cine (Argentina)
Dirección de fotografía: Sergio Armstrong
Montaje: Ana Godoy, Rosario Suárez
Música: Pedro Aznar
Duración: 93 minutos

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