Rocky versus Drago

Cuando Stallone se lanzó a hacer Rocky IV, acababa de filmar la segunda parte de Rambo, saga que lo terminó por transformar en el máximo referente de la acción de los 80. El semental italiano ya contaba con tres exitosas películas, cada una peor que la anterior. Pero el personaje estaba en una encrucijada existencial, al menos desde el punto de vista de la historia. Ya había perdido contra Apollo Creed, hab noía vencido al mismo Apollo Creed, Mickey había muerto y el Clubber Lang interpretado por Mr. T se había ido también. Así que Stallone se lanzó a la oportuna idea de insertar a Rocky en el conflicto de la guerra fría, siguiendo en parte la vertiente nacionalista de Rambo. en medio de la Guerra Fría. El campeón tenía que enfrentar a un enemigo poderoso, tenía que pegarle a alguien que se lo mereciera. Y que mejor para eso que un gigante ruso invencible. De esta manera tomó vida la cuarta entrega, considerada como una de las peores películas de la década, pero también la más grandiosa de todas.

Rocky IV, en su versión original, es un film ridículamente mal escrito, inconsistente entre el drama y la comedia, con estereotipos descarados y…un villano sublime. Podemos decir que Stallone, como guionista y director, hace casi todo mal pero consciente de lo que hace. En este punto, Rocky ya no es el clásico underdog, ese perdedor que sale de la nada para lograr el éxito. Ahora es un superhéroe, que fácilmente podría ser parte hoy de la Liga de la Justicia o los Avengers. Rocky III era ya un film de superhéroes, y esta cuarta parte lleva todo más allá. Mucho más allá. Porque en el ring lo que se juega es algo más que un campeonato, se juega la dignidad de un país y el sueño americano amenazado por esos cochinos comunistas. Y claro, no podía ser de otra forma, los rusos terminan por aplaudir al guerrero italiano que en un discurso que da vergüenza ajena dice “mejor nos matamos dos en el ring a que se maten 20 millones”.

Hablar de los planos, la descuidada edición y las pésimas actuaciones del elenco no van a convencer a ningún fan de esta película de que es realmente mala. Basta decir que a pesar de ser un detractor del film, no puedo evitar disfrutarlo cada vez que lo veo. Si, una contradicción vital, pero por algo comencé este artículo con la declaración “una de las peores películas de la década, pero también la más grandiosa de todas”. Rocky IV es un espectáculo, malo y grandioso, pero endemoniadamente entretenido y para quienes vivimos en los 80, además un testamento del cine de acción de la década.

Rocky IV no me es indiferente, por ello cuando Stallone anunció su nuevo corte del film, mi interés se despertó de inmediato. Según sus primeras declaraciones, se abocaría a destacar el drama y el conflicto, dejando de lado todas las payasadas como el nefasto robot de Paulie. Mi impresión es que esta actualización tenía el objetivo de emparentar esta película con la saga de Creed, al menos en tono. Sabemos que la muerte de Apollo Creed en manos de Iván Drago (hasta el nombre es genial) es el motor que impulsa gran parte del accionar de Adonis Creed, el hijo no legitimo del campeón original de la saga. Creed II cierra ese circulo, ya que en el combate final enfrenta al vástago del némesis de su maestro, Rocky.

Bajo el nombre de Rocky versus Drago, el film se estrenó en noviembre del año pasado en muy pocas salas y se lanzó su versión digital que pude ver hace muy poco. Y puedo decir, a riesgo de que me consideren un hereje, que esta nueva versión me gustó mucho. Creo que Stallone logra lo que se propone: este es un drama mucho más serio, crepuscular si se quiere, que hace algo que pensé era imposible: levanta aún más al villano. No mejora para nada las actuaciones, pero si le agrega más capas a la escueta personalidad de Drago. Lastimoso el momento en que trata de intencionar un coro del público a su favor. También se profundiza algo más el conflicto interno del finado Apollo Creed, aunque la verdad es que ya se había establecido medianamente bien en el corte original.

Además de eliminar algunas subtramas e incluso personajes (la Ludmilla de Brigitte Nielsen prácticamente desaparece), se agregan escenas nuevas. De hecho toda la introducción es nueva, más seria y austera, que funciona como un resumen de lo que fue Rocky III y el rol que jugó Apollo en el renacimiento de Balboa, cambio que de paso establece el nuevo tono del film. Hay escenas que dan uno que otro nuevo enfoque al drama, conversaciones informales en la cocina, una despedida extendida, todo muy acorde a este nuevo espíritu. Pero los fans más duros no se preocupen: las escenas de entrenamiento están intactas. El combate final es casi el mismo, con cambios menores como diálogos internos que me hicieron recordar algunos momentos de Rocky Balboa, la última película de la saga dirigida por Stallone.

Queda claro, además, que Stallone usó todo lo que le quedaba de filmaciones. Hay un momento en particular que un diálogo hace referencia a una acción que no vemos en pantalla. También es evidente que el trato que se le dio al metraje adicional no es el mismo, los colores y texturas no son iguales, lo que hace más fácil detectar lo “nuevo”.

¿Cambia tanto la película con este nuevo corte? Pues, la respuesta es una amarilla: sí y no. Este nuevo corte de Rocky IV mejora el film, pero no la transforma en una gran película. Cambia el tono, le baja una revolución y la aterriza una vez más como una película de boxeo y no de super héroes. Ahora, sigue siendo una reliquia ochentera, lo que queda reflejado en el absurdo y patriótico final que me imagino hace saltar del asiento al mismísimo Donald Trump.

Rocky vs Drago está disponible para compra y renta en Google Play.

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