
Sobre el papel, la premisa de El final de la calle Oak parece casi absurda. Una familia estadounidense de comienzos de los años 80 descubre que, después de un extraño fenómeno cósmico, su tranquilo vecindario ha sido arrancado literalmente de su realidad y trasladado a un territorio desconocido. Pronto queda claro que el problema no consiste solamente en averiguar dónde están: alrededor de sus casas comienzan a aparecer criaturas que llevan millones de años extintas. Dicho así, podría parecer el argumento de una producción deliberadamente disparatada. Lo sorprendente es que la película nunca se ríe de su propia idea. La toma en serio. Y precisamente por eso funciona.
Escrita y dirigida por David Robert Mitchell, responsable de It Follows y Under the Silver Lake, la cinta utiliza esa extravagante situación como punto de partida para construir una aventura de ciencia ficción clásica. En el centro está la familia Platt: Denise (Anne Hathaway), Greg (Ewan McGregor) y sus hijos Audrey (Maisy Stella) y Brian (Christian Convery). Antes de que aparezca cualquier dinosaurio, Mitchell establece las tensiones domésticas, especialmente las de un matrimonio en el que existe cariño, pero también frustración. Greg es un padre dedicado que parece no satisfacer completamente las expectativas de su esposa, mientras sus hijos atraviesan sus propios procesos de crecimiento y búsqueda de identidad.
La referencia inevitable será Jurassic Park, pero El final de la calle Oak parece entender algo que las últimas películas de aquella franquicia han olvidado: para construir una buena aventura con dinosaurios no es necesario convertirlos en supervillanos ni fabricar una criatura genéticamente modificada cada vez más grande, inteligente e indestructible. Un animal prehistórico correctamente representado ya puede resultar suficientemente aterrador.
Aquí, además, existe una bienvenida actualización de su aspecto. Han pasado más de treinta años desde que Steven Spielberg fijara buena parte de nuestro imaginario cinematográfico sobre estas especies y, entretanto, la paleontología ha cambiado considerablemente lo que sabemos sobre ellas. Mitchell incorpora animales emplumados y una anatomía más cercana al conocimiento científico contemporáneo sin transformar esa corrección en una clase de ciencias. Simplemente están ahí. Y funcionan. No hacía falta inventar un monstruo inverosímil para que Scarlett Johansson tuviera algo nuevo contra lo cual enfrentarse. Los dinosaurios llevan unos 230 millones de años demostrando que el diseño original era bastante efectivo.

Pero la conexión con Spielberg va bastante más allá de las criaturas. Visualmente, la película parece provenir de una producción estadounidense de aventuras realizada durante los años 80. La fotografía de Michael Gioulakis apuesta por colores intensos, noches cargadas de contraste y una puesta en escena que privilegia la emoción por sobre el exhibicionismo digital. Hay suburbios, bicicletas, automóviles familiares, niños enfrentados a algo que los adultos apenas comprenden y una sensación permanente de descubrimiento. Incluso la música de Michael Giacchino acompaña esa vocación por recuperar un cine donde espectáculo y emoción familiar podían convivir sin necesidad de pedir disculpas.
Por momentos incluso recuerda aquellas series fantásticas de los años 60 y 70 —Tierra de gigantes es una referencia especialmente pertinente— capaces de construir un relato completamente serio alrededor de una situación imposible. Sus personajes podían despertar en otro planeta, atravesar una dimensión desconocida o encontrarse repentinamente reducidos de tamaño, pero nadie miraba hacia la cámara para hacer un chiste sobre lo ridículo de la situación. Esa convicción permitía al espectador aceptar las reglas del juego.
También tiene una virtud que podría parecer menor, pero que termina diferenciándola de mucho cine fantástico contemporáneo: sus protagonistas continúan siendo personas normales después de que comienza el desastre. Greg no descubre repentinamente que sabe utilizar armamento militar; Denise no se transforma después de tres escenas en una cazadora experta; los adolescentes tampoco desarrollan inexplicables capacidades de supervivencia. Corren, se equivocan, sienten miedo y toman decisiones con las herramientas que tienen disponibles.
Hathaway lleva buena parte del peso dramático. Su interpretación como Denise posee un registro que en algunos momentos parece ligeramente desplazado respecto del tono general de la película: hay una intensidad y una expresividad que contrastan con la actuación más contenida de McGregor. Curiosamente, esa diferencia termina funcionando dentro de la dinámica del matrimonio. Greg representa al hombre que intenta mantener unida a su familia aun cuando percibe que no está alcanzando las expectativas que pesan sobre él; Denise posee una energía mucho más frontal. Esa tensión previa adquiere otra dimensión cuando ambos comprenden que cualquier problema matrimonial resulta relativamente secundario cuando un depredador del Mesozoico está recorriendo el jardín.
Mitchell administra además la información con inteligencia. El misterio sobre lo ocurrido en Oak Street avanza paralelamente a la aventura y evita convertirse simplemente en la excusa necesaria para trasladar dinosaurios hasta un barrio residencial. Poco a poco aparecen piezas que modifican nuestra interpretación de lo que estamos viendo, hasta desembocar en un giro final genuinamente sorprendente. Conviene no saber demasiado antes de entrar a la sala porque parte importante del placer está precisamente en descubrir qué clase de historia estamos observando.
Y allí probablemente está el mayor mérito de El final de la calle Oak. Parte desde una idea que podría haber terminado convertida en una broma de cien millones de dólares y consigue transformarla en una aventura sincera, entretenida y visualmente poderosa. No pretende ser una nueva Jurassic Park. Tampoco podría serlo. Pero paradójicamente contiene buena parte de aquello que muchos esperábamos encontrar en las recientes continuaciones de esa saga: dinosaurios que vuelven a producir miedo, personajes vulnerables, sentido del descubrimiento, emoción, humor administrado sin destruir la tensión y una familia que importa más que la siguiente secuencia de efectos digitales.
Quizás el cine de dinosaurios no necesitaba criaturas híbridas, ciudades invadidas ni conspiraciones cada vez más gigantescas. Quizás necesitaba algo mucho más sencillo: buenos personajes, una idea extravagante tomada completamente en serio y dinosaurios comportándose como dinosaurios.
Y resulta que eso todavía funciona.

Ficha técnica
Título: El final de la calle Oak (The End of Oak Street)
Año: 2026
País: Estados Unidos
Dirección y guion: David Robert Mitchell
Reparto principal: Anne Hathaway, Ewan McGregor, Maisy Stella y Christian Convery
Fotografía: Michael Gioulakis
Música: Michael Giacchino
Montaje: John Axelrad
Producción: J.J. Abrams, Hannah Minghella, Jon Cohen, David Robert Mitchell, Matt Jackson y Tommy Harper
Productoras: Bad Robot, Jackson Pictures
Distribución: Warner Bros. Pictures
Género: Ciencia ficción, aventura, suspenso
Duración: 100 minutos aproximadamente