El Conjuro 4: Un cierre entre lo íntimo y lo repetido

Han pasado más de diez años desde que El Conjuro (2013) irrumpió en la cartelera con una propuesta sencilla y efectiva: asustar al público con una historia bien contada, personajes sólidos y un estilo clásico de terror. Lo que comenzó como un filme casi modesto derivó en un universo expandido que se asemeja más a la estrategia de Marvel que al cine de género tradicional: spin-offs, secuelas, precuelas y cameos han dado vida a una franquicia tan rentable como saturada. Ahora, con El Conjuro 4: Los últimos ritos, se anuncia el aparente cierre de la saga principal, al menos en lo que respecta a los protagonistas originales.

La dirección recae nuevamente en Michael Chaves, responsable de La Monja II y de El Conjuro: El diablo me obligó a hacerlo, quien se mantiene como el heredero designado de James Wan. El reparto está encabezado, como siempre, por Patrick Wilson y Vera Farmiga en los roles de Ed y Lorraine Warren, acompañados esta vez por Mia Tomlinson como Judy Warren adulta y Ben Hardy en el papel de Tony Spera. El guion, escrito por David Leslie Johnson-McGoldrick junto a Ian Goldberg y Richard Naing, articula una doble narrativa: por un lado, la vida familiar de los Warren y su inevitable retiro; por otro, un caso de posesión en Pensilvania durante 1986 que involucra a la familia Smurl y un espejo maldito.

El mayor mérito de la película está en la dimensión íntima. La relación entre Ed y Lorraine se muestra con una calidez poco habitual en la saga, reforzando la idea de un matrimonio que, más allá de demonios y exorcismos, se sostiene en el cariño y la complicidad. La trama en torno a Judy resulta convincente: su temor por la herencia de sus padres, el peso del apellido y la incertidumbre de iniciar su propia vida permiten empatizar con ella y aportan un aire fresco. Este enfoque familiar, que coloca en primer plano el relevo generacional y la obsolescencia de los protagonistas, funciona como corazón emocional de la cinta.

En contraste, la historia de terror resulta derivativa. El embrujo en Pensilvania recuerda demasiado a la segunda película: ruidos nocturnos, objetos en movimiento, levitaciones y apariciones que, aunque eficaces, carecen de novedad. La abundancia de sustos técnicos —puertas que se cierran, espejos que revelan presencias, sombras que emergen del fondo— genera tensión, pero su reiteración termina transformando lo que debería ser horror en pura acción sobrenatural. Chaves demuestra oficio en la puesta en escena, con una fotografía oscura y una edición precisa, pero los recursos se repiten tanto que pierden impacto.

Este es una especie de “grandes éxitos”. El guion incluye referencias a episodios pasados, cameos de personajes secundarios e incluso guiños al resto del “universo Warren”. El problema es que esta acumulación resta coherencia al relato principal, forzando conexiones que poco aportan a la tensión. Lo que podría haber sido una síntesis sobria del legado de la franquicia termina pareciéndose a un collage de momentos reciclados.

Aun así, Los últimos ritos supera a la tercera parte, de ritmo lento y excesivamente pesado. Aquí, al menos, el entretenimiento está asegurado. La película se ve con agrado, mantiene la atención durante sus 135 minutos y entrega secuencias bien logradas. No hay un pasaje que alcance la potencia de la primera entrega —aún insuperable—, pero sí escenas que generan incomodidad genuina.

La gran debilidad, sin embargo, radica en la balanza entre lo personal y lo sobrenatural. Mientras la historia familiar fluye con naturalidad y emoción, el caso paranormal es genérico y se integra de manera torpe, como si fueran dos películas unidas a la fuerza. La fusión entre ambos relatos en el tramo final luce apresurada y más cercana al espectáculo visual que al verdadero terror.

En definitiva, El Conjuro 4: Los últimos ritos es un cierre irregular: conmovedor en lo humano, redundante en lo sobrenatural. Funciona como despedida, pero confirma la evolución de los Warren en la pantalla: de investigadores de lo oculto a superhéroes de lo paranormal. La franquicia concluye en un punto medio, más digno que brillante, con la clara señal de que su legado inicial —el miedo puro y simple— ha quedado en el pasado.

Ficha técnica

  • Título original: The Conjuring: Last Rites (El Conjuro 4: Los últimos ritos)
  • Dirección: Michael Chaves
  • Guion: David Leslie Johnson-McGoldrick, Ian Goldberg, Richard Naing
  • Producción: James Wan, Peter Safran
  • Reparto: Vera Farmiga (Lorraine Warren), Patrick Wilson (Ed Warren), Mia Tomlinson (Judy Warren), Ben Hardy (Tony Spera)
  • Duración: 135 minutos
  • Género: Terror sobrenatural
  • Estreno: 5 de septiembre de 2025 (EE.UU.)
  • Distribución: Warner Bros. Pictures