
Pareciera que toda la filmografía anterior de Christopher Nolan era un ensayo para realizar Oppenheimer, una biografía brutal en su forma y fondo. Un ejercicio de dirección narrativa y de actores que se transforma en una experiencia cinematográfica potente, sobrecogedora e incluso aterradora si se ve en la pantalla de cine adecuada.
Oppenheimer nos presenta la historia del físico teórico J. Robert Oppenheimer, director del Proyecto Manhattan, que tras tres años de trabajo aislados en Nuevo México y dos mil millones de dólares de inversión, comprobaron la teoría de Einstein y crearon la bomba atómica, dando pie a su posterior prueba en Hiroshima y Nagasaki, desatando una carrera armamentista letal que no se acaba.
Nolan, fiel a sus principios, nos trae un film grandioso. Al mismo tiempo, es la más personal de sus películas. Logra cuajar un ritmo trepidante, en donde la información por momentos es abrumadora, con una reflexión introspectiva que se evidencia en momentos clave, que dan un peso magnífico a la idea principal del filme: las implicaciones morales y éticas de la creación de la primera arma nuclear.

El director utiliza secuencias en blanco y negro para poner en pantalla la perspectiva de quienes acompañaron y se enfrentaron a Oppenheimer en el desarrollo de la bomba. Usa color, en cambio, para presentarnos la percepción que tenía el científico. Una decisión narrativa que ordena de manera efectiva una historia que es más grande que la suma de sus partes. Nolan sabía que la audiencia necesita una guía, una estructura que los mantuviera inmersos en la historia, de larga duración por lo demás.
A diferencia de películas anteriores, Nolan no subraya el discurso. Es extremadamente preciso en la exposición de sus ideas, que como siempre no se presentan de forma lineal, en los tres actos de la cinta: la emoción del descubrimiento, la creación de la bestia y las consecuencias de aquello. Es un viaje perfecto y arrollador.
Nolan le da el peso de interpretar a Oppenheimer a Cillian Murphy en el papel de su carrera. El director (también guionista), nos presenta un protagonista de tonos grises, que es admirable y despreciable por partes iguales. Murphy hace sentir eso al espectador con una actuación sutil pero poderosa, en que los momentos más impactantes se concentran en la cara, en el rostro del actor, que con gestos a veces imperceptibles transmite la tortura interna. Robert Downey Jr. es la contraparte, interpretando de forma magnifica a Lewis Strauss, el hombre que hizo caer al físico y lo transformó en una figura rechazada por el gobierno al que le ayudó a ganar la guerra. Esta dupla, que apenas aparece junta en pantalla, es el corazón de todo el relato.

La película presenta algunos de los momentos más impactantes del cine reciente. La recreación de la primera prueba atómica y la visión posterior del físico son un lenguaje cinematográfico asociado al terror y al suspenso más que a una biopic. Pero todo funciona e impacta de seguro.
Para Nolan, Oppenheimer es la persona más importante que haya pisado la tierra. El hombre que le robó el fuego a los dioses y se lo entregó a los humanos, que decidieron usarlo para crear el arma que pone en riesgo su mera existencia. Después de ver la película, que no solo habla del pasado sino del futuro, es bastante difícil estar en desacuerdo con él.
Dirección: Christopher Nolan Reparto: Cillian Murphy, Emily Blunt, Robert Downey Jr., Matt Damon, Florence Pugh, Josh Harnett País: Estados Unidos Año: 2023 Género: Drama Guion: Christopher Nolan (Libro de Kai Bird y Martin J. Sherwin) Duración: 180 min.
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