Spencer

“Estoy perdida”. Esta es (detalles más, detalles menos) la primera línea que pronuncia Kristen Stewart interpretando a Diana de Gales en Spencer, la nueva cinta de Pablo Larraín. La frase es importante porque resume en gran parte el tono y la apuesta del director chileno a través de una historia ficticia que juega con la sensación de aislamiento de la protagonista en un mundo bizarro y anacrónico, una realidad terrorífica que la atormenta y la lleva a sentirse emocionalmente encerrada en una forma de vida en la que no termina de encajar.

Usar el término terrorífico para tratar de englobar el camino narrativo de Larraín no es para nada gratuito. El uso de las cámaras, los planos, el montaje y abundantes planos secuencias se asemejan a lo que hizo Kubrik en El Resplandor. Y lo cierto es que exitoso en su esfuerzo de reflejar en pantalla una atmósfera agobiante, oscura y dominada por tradiciones caducas en un fin de semana de Navidad que se transforma en un horror del que no se puede escapar, desencadenando un colapso mental y físico que coloca a Diana en un estado de suma fragilidad ante el espectador.

Krister Stewart estudió hasta el más mínimo detalle de su personaje: su forma de caminar, de hablar, de mirar. Su actuación es de alto nivel y gracias a ella el relato se sostiene: su interpretación es lo que hace que toda la puesta en escena de Larraín tenga sentido. La actuación de Stewart emana vacío y desorientación, que se expande en lo visual, donde se subraya el estado emocional de la protagonista a través de la composición de los planos. La actriz demuestra que, a pesar de esta visión errónea de cierta parte de la audiencia actual, un actor no tiene que disfrazarse o hacer cosplay para lograr tener una actuación convincente. Stewart no se parece físicamente a Diana de Gales, pero al final de la película se hará difícil separar al personaje de ficción con el real.

Es interesante que Larraín haya dejado de lado la visión más común de Diana en el consciente colectivo: una mujer que enfrentó y derroto (al menos moralmente) a la realeza británica. Aunque en la historia esa rebeldía se manifiesta en líneas y actitudes, claramente el ejercicio del director es otro, más cercano al sacrificio que la rebelión, lo que también la aleja del tono y estilo que han tenido las biopics en los últimos años. Reafirma aquí lo que ya mostró con Jackie, siguiendo una línea similar pero incluso más libre desde el punto vista histórico. En este apartado tal vez la relación de Diana con Ana Bolena y las visiones asociadas a la misma presentadas en el segundo acto son una exageración y más que reflejar un estado de vaivén emocional entran de lleno en el terreno de la locura, no conectando del todo con lo que el film plantea en sus casi dos horas de metraje.

Spencer es una muy buena película, que logra a pesar de un relato tan duro y agobiante, que el espectador empatice por completo con el personaje central, comprenda su accionar y entienda el camino que finalmente toma. Más allá de que se basa en un personaje real, Larraín nos entrega un profundo estudio de personaje, la soledad y necesidad de aceptación, que se sustenta en una estupenda actuación de Stewart y una puesta en escena notable.

Ficha Técnica

Spencer

Año: 2021

Dirección: Pablo Larraín

Guion: Steven Knight

Reparto: Kristen Stewart, Sally Hawkins, Sean Harris, Timothy Spall, Jack Farthing

País: Reino Unido, EE.UU., Chile, Alemania

Género: Drama

Duración: 111 minutos

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