
El templo de huesos llega en un contexto complejo. Su predecesora, 28 años después, heredera directa del impulso creativo que Danny Boyle imprimió a la saga en los años noventa, fue una película divisiva: audaz, introspectiva, más interesada en la deshumanización y el colapso moral que en la iconografía clásica del cine de zombis (o infectados en este caso). Buena parte del público esperaba sangre, velocidad y horror epidérmico; lo que recibió fue una reflexión incómoda. Ese desencuentro ayuda a explicar la recepción fría que ha tenido El templo de huesos, un trato injusto para una obra que, al igual que la anterior, se instala como una propuesta sólida y estimulante dentro del género.
La nueva entrega no reniega del camino previo, pero sí ajusta el pulso. La narración es más dinámica y su puesta en escena se siente más segura, sin abandonar una vocación temática ambiciosa. La película utiliza una historia aparentemente simple para abordar cuestiones densas: la salud mental en escenarios extremos, las secuelas del abuso, la soledad estructural, la crisis de la fe y el desprecio por el conocimiento racional frente al mito. Todo eso convive sin subrayados ni discursos explicativos, confiando en la inteligencia del espectador y en la fuerza de las imágenes.
La trama se sitúa años después del quiebre definitivo de la civilización. En medio de comunidades fragmentadas y sistemas de creencias deformados por el miedo, surge el enigmático “templo”, un espacio donde la fe y la violencia se funden en rituales que prometen orden a cambio de sacrificio. La sinopsis oficial describe el film como el viaje de un grupo de sobrevivientes que, enfrentados a una amenaza interna más que externa, deben decidir si perpetúan un legado de sangre o se atreven a romperlo. Esa premisa se despliega con paciencia, sin giros efectistas, permitiendo que el horror emerja desde la normalización de lo intolerable.
La dirección recae en Nia DaCosta, quien asume la posta tras el fallido paso por The Marvels. Lejos de confirmar ese tropiezo, El templo de huesos funciona como prueba de que Marvel Studios puede ser una trituradora de talentos, pero no su sentencia definitiva. Aquí, DaCosta exhibe un control notable del ritmo, una comprensión precisa de la tensión y una habilidad especial para construir atmósferas opresivas. Sin imitar el estilo de Boyle, logra expandir el universo ya establecido y, sobre todo, ordenar narrativamente elementos que en la película anterior resultaban confusos, como la irrupción de los llamados “Jimmys”, integrándolos en un relato coherente y genuinamente perturbador.

El corazón emocional del film está en el doctor Kelson y su vínculo con Samson, una relación construida a partir de escenas breves pero contundentes que funcionan como anclaje humano en un mundo dominado por la brutalidad. Kelson ya había destacado como uno de los pocos vestigios de empatía en la cinta previa, pero aquí su arco adquiere una profundidad inesperada gracias al trabajo de Ralph Fiennes, cuya interpretación dota al personaje de una fragilidad contenida que estalla en una de las secuencias más creativas y perturbadoras del cine de terror reciente. A su contraparte se suma Jack O’Connell, en el rol del líder de la secta, con una composición temible y precisa que evita el exceso y apuesta por el carisma oscuro. Su personaje encarna el reverso moral de Kelson: donde uno preserva humanidad, el otro instrumentaliza la fe y la violencia.
Uno de los subtextos más inquietantes de El templo de huesos es la idea de que la violencia no irrumpe: se hereda. Los protagonistas no inauguran el mal, simplemente lo administran. La sangre derramada no responde a un arrebato, sino a un procedimiento legitimado por la costumbre. En esa lectura, la película dialoga de manera sorprendente con realidades latinoamericanas, donde la violencia histórica se integra al paisaje cultural y se transmite como un legado difícil de desmontar.
Lejos de ser un ejercicio hermético, la película demuestra que el terror filosófico no necesita convertirse en un objeto pesado o solemne para ser profundo. El templo de huesos equilibra reflexión y relato, incomodidad y espectáculo, proponiendo una experiencia intensa que deja preguntas abiertas. Además, sienta bases sólidas para una tercera y última entrega que, tras este capítulo, se espera con auténtico interés.

Ficha técnica
Título: 28 Years Later: The Bone Temple
Dirección: Nia DaCosta
Guion: Alex Garland (basado en personajes creados por Danny Boyle)
Reparto: Ralph Fiennes; Jack O’Connell; Alfie Williams; Erin Kellyman; Chi Lewis-Parry
Género: Terror / Ciencia ficción
País: Reino Unido – Estados Unidos
Año: 2025
Duración: 110 minutos.