
Hay películas que incomodan por lo que cuentan y otras que lo hacen por cómo lo cuentan. Bugonia, del director griego Yorgos Lanthimos, pertenece a esa segunda categoría. No es una obra difícil en términos narrativos ni especialmente hermética, pero sí genera una sensación extraña, similar a la que produce Marty Supreme: si el espectador no entra en su lógica desde el inicio, la experiencia puede resultar incómoda, incluso algo agotadora.
La premisa, en teoría, parece terreno fértil para una comedia absurda. La historia sigue a Teddy Gatz, interpretado por Jesse Plemons, un apicultor obsesionado con teorías conspirativas que vive convencido de que el mundo está siendo infiltrado por fuerzas alienígenas. Junto a su primo Don, decide secuestrar a Michelle Fuller, una poderosa directora ejecutiva de una corporación farmacéutica encarnada por Emma Stone. Teddy cree haber descubierto la verdad: Michelle no es humana, sino una entidad extraterrestre responsable de manipular la sociedad y destruir el planeta.
En ese punto el argumento parece inclinarse hacia el terreno del disparate. Sin embargo, Lanthimos opta por un tratamiento inesperadamente sobrio. El guion de Will Tracy —basado libremente en la película surcoreana Save the Green Planet!— plantea un relato que podría haber funcionado como una sátira feroz, pero que termina desplazándose hacia un registro mucho más cercano al drama. Esa decisión estilística genera una tensión interesante, aunque también produce una sensación de disonancia que atraviesa gran parte del film.
El contexto temático es, sin duda, pertinente. En un mundo dominado por las fake news, las cámaras de eco digitales y la búsqueda constante de reafirmación ideológica en redes sociales, el retrato del conspiracionista resulta inquietantemente real. Teddy no es una caricatura extravagante: es un individuo que ha construido una lógica propia donde todo encaja. El planeta está en crisis, las abejas desaparecen y las corporaciones manipulan la vida humana; para él, la conclusión es inevitable.
Ahí reside uno de los méritos de la película. Bugonia dibuja con precisión esa mentalidad paranoica que, aunque absurda en teoría, hoy parece formar parte del paisaje cotidiano. Del mismo modo, el film no esconde su crítica a las grandes empresas y a la lógica experimental con la que, muchas veces, se toman decisiones que afectan áreas sensibles como la salud o el medioambiente. Bajo esa lectura, los seres humanos parecen convertirse en simples organismos de laboratorio, casi insectos dentro de un sistema que funciona por ensayo y error.

El problema no está en el mensaje. El problema está en el tono.
Porque si bien la película contiene todos los elementos para una sátira explosiva, Lanthimos elige un camino mucho más contenido, casi plano. La historia avanza sin grandes picos emocionales, como si el relato transitara permanentemente por una meseta narrativa. Incluso los momentos que deberían resultar más absurdos se presentan con una solemnidad que atenúa su potencial impacto.
Un contraste evidente puede encontrarse en No miren arriba (2021), de Adam McKay. Allí la premisa también era inquietante —una crítica feroz a la negación de la realidad— pero el humor desbordado potenciaba el mensaje en lugar de diluirlo. En Bugonia, en cambio, la elección de un registro más seco y silencioso termina restándole energía a una idea que, en esencia, es poderosa.
Eso no significa que la película no tenga momentos memorables. Algunos giros narrativos, especialmente hacia el tramo final, logran sacudir al espectador y recordar que debajo de esa superficie aparentemente uniforme se esconde una historia mucho más oscura.
Donde no hay discusión es en las actuaciones. El trabajo de Jesse Plemons es extraordinario. Su Teddy logra ser perturbador, patético y profundamente humano al mismo tiempo. Es el tipo de interpretación que sostiene la película incluso en sus momentos más estáticos, y resulta difícil no pensar que su ausencia en algunas nominaciones importantes fue una omisión injustificable.
Emma Stone, por su parte, cumple con solidez en un papel que exige ambigüedad constante. Su Michelle Fuller oscila entre víctima, manipuladora y posible amenaza, aunque el personaje nunca alcanza la intensidad de otras interpretaciones recientes de la actriz.
En definitiva, Bugonia es una película intrigante pero irregular. Su propuesta intelectual es clara y su mirada sobre la paranoia contemporánea es certera. Sin embargo, el tono elegido por Lanthimos termina generando una experiencia más pesada de lo que su premisa sugería. Todo funciona correctamente, pero lo hace en un valle narrativo demasiado uniforme, donde la ironía y el absurdo podrían haber dado mucho más de sí.
Ficha técnica
Título: Bugonia
Dirección: Yorgos Lanthimos
Guion: Will Tracy
Elenco: Emma Stone, Jesse Plemons, Aidan Delbis, Stavros Halkias, Alicia Silverstone
Fotografía: Robbie Ryan
Montaje: Yorgos Mavropsaridis
Música: Jerskin Fendrix
Duración: 118 minutos
País: Reino Unido / Irlanda / Estados Unidos / Corea del Sur